Posteado por: gajaramillo | septiembre 3, 2008

Lío con una tarjeta de débito nueva

Aún existen buenas samaritanas. Ésta medía 1,65, vestía jean celeste y una blusa del mismo color de su cabello negro  y ensortijado. Cuando  la abordé en la Av. 12 de octubre, en Quito, Ecuador, estoy seguro  que pensó que trataba de asaltarla.

Apretó su cartera de cuero roja y aceleró el paso. Traté de calmarla interceptando su huida y explicándole mi complicada situación. La tarjeta de débito no me permitía retirar el dinero que tenía en el banco y en los bolsillos del pantalón no tenía más que un hilacho de casimir. La tarjeta era nueva y cuando el banco la entregó no la activó por completo. Se podía consultar saldos, pero los ahorros y retiros estaban restringidos.

El problema, al parecer no era una novedad para las asistentes que se encuentran en cada agencia del banco, pues cuando comenté la situación supieron darme una respuesta inmediata, aunque no práctica. Para resolver la calamidad era necesario acudir a la ventanilla de servicio al cliente de 08:00 a 16:00 y ese día el reloj marcaba las 16:20.

La desesperación hizo presa y al salir del banco tardé al menos 20 minutos más evaluando las posibles alternativas para regresar a casa y esperar ansioso el siguiente día para desahogar la ira con el banco ¡de mi confianza¡.

Pero nadie quizo comprar mi reloj, ni tampoco utilizar mi cuerpo a cambio de dinero. Por ello, la última opción fue valerme de esa buena samaritana que, con USD 0,25, que es el costo de un pasaje en el transporte público, dibujó la única sonrisa en mi rostro de esa tarde agosto del 2008.

Posteado por: gajaramillo | septiembre 3, 2008

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